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DÉCIMO ENCUENTRO / JULIO 2014

Una arqueología del juego

Una arqueología del juego

Hay algo que potencia la posibilidad de pensar y crear. Es el juego, una experiencia que ofrece la oportunidad de comunicarse, vincularse y acercarse a los demás. Por eso, el propósito de introducir la perspectiva lúdica entre educadoras y educadores en este encuentro de formación tiene varios sentidos. Primero, brinda la posibilidad de que cada educador y educadora revise su propia biografía lúdica y corporal para poder mirar las biografías de otros y otras. Y también para preguntarse por la trayectoria de aprendizajes, interrogar las propias sensibilidades, y pensar a qué y cómo (nos) jugamos.

Todo ese conglomerado de pensamientos y sensaciones permitirá luego poder armar construcciones colectivas. En ese sentido, la idea-fuerza del décimo encuentro estuvo puesta en el cuerpo; mejor dicho en poder jugar desde el cuerpo y con los otros. Porque poder pensar las identidades singulares y colectivas -que se manifiestan corporal y lúdicamente- es poder pensar lo que constituye nuestra identidad.

Así como en encuentros anteriores se trabajó la construcción de corporalidades, en este caso, el punto de partida fue la génesis del jugar. Los talleristas Mariano Calmels y Andrea Perez fueron quienes estuvieron al frente de las actividades. De este modo reflexionan acerca de lo ocurrido el sábado.

Mariano: “Partimos desde la génesis del jugar y de esas primeras sensaciones porque es una zona primigenia del sujeto. El juego aparece desde que un adulto que le da sentido al cuerpo del otro, entonces acaricia las manos y nombra los dedos, habla con la musicalidad de la propia voz y acompaña con el gesto. Ese es el jugar primero. Los acunamientos por ejemplo, son formas pre lúdicas para que luego pueda aparecer el juego con nombre y apellido: juguemos a la mancha”.

Andrea refuerza la idea: “Primero aparecen las preguntas: ¿Cómo le comunico al otro? ¿Cómo leo en el otro lo que necesita? ¿Qué le ofrezco? Y ese otro al recibir algo que le agrada, que le resulta placentero puede entablar una comunicación corporal. Por eso, siempre insistimos en que uno va con el cuerpo”.

Un cuerpo individual primero, que se reconoce a sí mismo para transformarse en colectivo, un cuerpo resistente, combativo, entramado en una geografía y en un territorio. Un cuerpo sensibilizado. Ese cuerpo es el que va a poder leer por dónde ir con el otro. Entonces, pensar el para qué del juego, en el marco de un encuentro de educadores comunitarios tiene que ver con no reducir el juego a un instrumento sino pensarlo como un camino, como una meta a transitar en todos los procesos de transformación social. Desde esa idea, Mariano sostiene: “Todos los componentes que tiene lo lúdico son los adjetivos que tiene cualquier hecho de transformación social, cultural y política: osadía, transgresión, apuesta, incertidumbre, decisión, imaginación. Si pensamos desde ahí, en la medida que podamos construir una cultura lúdica, estaremos construyendo sujetos osados, críticos, transformadores, creativos, es decir ciudadanos participativos.”

Juego y cultura popular

Tal como señala el teórico ruso Mijail Bajtin en La cultural popular en la Edad Media y en el Renacimiento, “el mundo infinito de las formas y manifestaciones de la risa se oponía a la cultura oficial, al tono serio, religioso y feudal de la época. Dentro de su diversidad, estas formas y manifestaciones —las fiestas públicas carnavalescas, los ritos y cultos cómicos, los bufones, los gigantes, enanos y monstruos, payasos de diversos estilos y categorías, la literatura paródica, vasta y multiforme, etc., poseen una unidad de estilo y constituyen partes y zonas únicas e indivisibles de la cultura cómica popular, principalmente de la cultura carnavalesca.” Estas manifestaciones populares ofrecían una visión del mundo totalmente diferente a la oficial, del Estado y de la Iglesia. La cultura popular brota y ocupa un lugar muy importante en la vida cotidiana de las sociedades. Una murga en una plaza, los carnavales, el folklore, el tango, las milongas, los bailes, el arte callejero y todas las manifestaciones que hacen posible el poder expresarse tienen una relación profunda con el tiempo. Por eso, la importancia de la perspectiva lúdica y artística en toda construcción colectica que intenta una transformación social.

Mariano: “Si yo soy capaz como educador de poder captar y visibilizar cuáles son las manifestaciones lúdicas y corporales de mi territorio, podré establecer un vínculo, empoderar, organizar. Ahora, si yo a priori pongo lo que creo que el otro necesita, no estoy leyendo cuáles son esas manifestaciones genuinas. Por ejemplo: ¿Los pibes se identifican con jugar al handball o con andar en skate? Yo tengo que poder leer que andar en skate es algo que los identifica, es una manifestación corporal, lúdica y popular. Tengo que poder leer esas identidades colectivas que se manifiestan corporal y lúdicamente. Eso lo voy a poder hacer si me escucho, si me registro y si me percibo. Así voy a poder mirar al otro.”

Andrea: “Insistimos en ir de lo individual a lo colectivo, tener una identidad propia para poder formar un cuerpo colectivo. Si hago un trabajo conmigo de sensibilización, de registro, de comunicación, si puedo hacer eso, puedo leer lo colectivo desde otro lugar, puedo incluirme en ese colectivo, sentirme parte.”
Producciones grupales

Durante el encuentro, cada grupo obtuvo una letra de la frase Educadores Quilmes para trabajar artísticamente con diferentes materiales y recursos. De ahí saldrá la imagen que los represente, donde aparecerá la diversidad y las biografías de cada quien inscriptas en el trabajo colectivo. Luego, la propuesta fue compartir un juego llamado torball, una disciplina deportiva que practican las personas ciegas o con discapacidad visual. Un juego acústico en el cual seis jugadores -tres de cada equipo- se colocan en la cancha, adelante de los arcos respectivos. El objetivo del juego es que cada equipo arroje esa pelota sonora a la línea de gol del oponente mientras que el otro equipo intenta evitarlo, bloqueando el gol con el propio cuerpo. Así, para cerrar el décimo taller, fue posible ponerse en el lugar del otro y desde esa experiencia deportiva jugar en el salón de la Casa de la Cultura de Quilmes, todos y todas, dispuestos a ir hacia lo desconocido. Arriesgar para aventurarse a nuevas posibilidades, seguir descubriendo y dando lugar a lo nuevo. Ese es el andamiaje de todo proceso educativo, su columna vertebral.

Informe: Laura Rosso